El tren

Tenía que ir en tren a la universidad y se tardaba una hora en llegar desde la estación en la que me encontraba. A pesar de que dormí muy poco por la noche e iba medio dormido, una hora y cuarto antes de la hora de comienzo de mis clases, estaba yo en el andén esperando al tren, y llegó.

Pensé que llegaría a tiempo.

Cuando pasaron 30 minutos pensé que ya debía de ir casi a mitad de camino. Entonces me di cuenta de que se me olvidó subirme al tren. Aún estaba en la estación.

La hucha

Cuando era pequeña, empecé a ahorrar. Muchas veces me encontraba monedas de 100 y 500 pesetas en la calle, tiradas, y las iba metiendo en una hucha. Cuando mi hucha estuvo llena, llamé a mi madre para abrirla (era de hojalata y yo no sabía abrirla),y le dije que según mis cálculos tendría mínimo unas 8000 pesetas. Mi madre se rió, pues ella ganaba mensualmente 20.000 y no lo creía posible. Yo sí, al fin y al cabo llevaba más de un año metiéndole monedas.
Al abrir la hucha, en efecto, no había 8000 pesetas, había 10.000. Mi madre se quedó con cara de sorpresa y dijo “Prestámelo, ya te lo devolveré en cuanto pueda”. Nunca me lo devolvió.

La chapa

Cuando tenía 4 años, mis compañeros tenían chapas con las que jugaban. Como yo no tenía ninguna, y en mi casa no se tenían botellas que las usasen, busqué chapas por el suelo. A lo mejos vi algo brillar y creí que era mi primera chapa. Al acercarme no era una chapa, era una moneda de 500 pesetas.